A Meli
La mujer puso la prueba de embarazo sobre un papel.
Es positiva,
estás embarazada.
Son $450 pesos,
decía eso mientras llenaba una especie de receta con mis datos.
Bajamos las escaleras lento,
o así lo recuerdo
¿qué vamos a hacer?
En ese 2004 cumpliría diecisiete años teniendo un embarazo de siete meses.
Prevenirlo nunca estuvo en mi cabeza, con claridad.
Las clases de sexualidad
no las recuerdo,
creo que no hubo.
En casa no se habló de eso,
no por tabú
por tradición
supongo.
¿qué vamos a hacer?
Era la pregunta que rondaba mi cabeza
sin ser consciente de lo que eso significaba,
¿cómo comunicas eso a esta edad?
¿Estás embarazada?
preguntó en seco mi mamá.
No,
y salí de la cocina.
Tienes que terminar la escuela
es el último año,
cuidaremos al bebé,
la fábrica está en huelga
y ya no iré a las guardias.
Sentí apoyo,
no dimensionaba lo que implicaba
cuidar un bebé

Nos queremos casar
le dije a papá
mientras él veía la televisión,
están locos
hubo solo silencio.
El último paso era avisar a la escuela,
el día después de hablarlo
el vientre se abultó por completo,
los cinco meses se notaban,
la falda de la escuela no cerraba.
Puedes seguir viniendo hasta que sea seguro para ti,
evitar juegos bruscos
no participar en actividades que te pongan en riesgo
sonaba a que eso ya lo había dicho varias veces,
la miré
asentí.
Éramos trece embarazadas en la escuela,
no lo había notado hasta ese día.
En casa no hubo inquisición,
nunca hablamos de vergüenza o deshonra,
pasó,
como les pasó a primas
y primos
supongo que por eso nadie se espantó,
como en la casa de algunas de las futuras madres
con las que hablaba en los recesos,
cuando nos encontrábamos
mirábamos las panzas en señal de comprensión.
Comencé a ver embarazadas por todos lados,
en el camión
la calle
el parque.
Trato de recordar si alguien me insultó
nunca me pasó.
Quizá
por ello
no me resultó algo grave
Haremos el baby shower
había algarabía
no en mí
sino en mis primas
con las que nunca había convivido
me llevaban muchos años
ya me incluían en la manada
porque iba a ser mamá.
Hubo juego para los futuros ¿padres?
Medir la panza,
comer papilla,
cambiar pañales,
sugerencias para nombres
consejos que no recuerdo,
toda la tarde sentí que ese no era mi lugar.
La panza cada vez más grande,
la espalda me dolía,
tenía mucho sueño,
era final del otoño y
el aire hablaba en las ventanas.
La maternidad es algo lejano,
indescifrable
menor de edad,
no me despertaba el más mínimo interés.
Ya sabía
que estaba por cambiar todo.
Me esperaba formar una familia,
al mismo tiempo
terminar de crecer
estudiar,
guiar a una bebé,
enseñarle lo que había aprendido en la vida,
que a los diecisiete no era mucho,
así
que no me costaría trabajo.




















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