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Buenas noches, deseo agradecer la invitación que me hicieron José de Jesús y Juan Gerardo Sampedro el diez de mayo del 2024, cuando compartíamos un café, en el San Patricio, para participar en la celebración de los cincuenta años de vida de Dosfilos, revista de literatura y política, hace casi dos años.

Gracias Juan Gerardo, gracias Sam, donde quiera que estés, aunque sé que hoy tu espíritu y tu eterna y fraternal sonrisa está ahora acompañándonos. ¿Acaso alguien de los presentes duda que el alma de Sam no esté aquí con todos nosotros? ¿Lo sienten?

Para mí es un honor compartir con mis amigos Gustavo y Juan Gerardo esta mesa. También es un gusto estar aquí, no solo por la oportunidad de expresar algunas reflexiones para celebrar el primer medio siglo de vida de nuestra entrañable revista Dosfilos, sino también por la posibilidad de ver y saludar a muchos amigos universitarios que, ya peinando canas y rondando siete o más décadas de vida, fuimos integrantes de lo que algunos llaman la “vieja guardia” o también denominada por Luis Medina Lizalde como la generación de “los inconformes hasta con la inconformidad”.

En efecto, fuimos, aquellos jóvenes estudiantes, hombres y mujeres, de 18 o 20 años, que vivimos directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, “el autoritarismo, la represión, la corrupción e intimidación nacionalista del estado mexicano”. Fuimos integrantes de lo que posteriormente se denominaría en el ámbito nacional la generación del “post 68”; es decir, la generación de los fabulosos setenta.

Las cuartillas que preparé para mi participación son precedidas, a manera de epígrafe, de una breve poesía escrita por un ex integrante del taller literario José Revueltas, fundado en 1969 por José de Jesús Sampedro y Alberto Huerta, entre otros. La poesía, titulada “Recordando a un poeta sencillo” y dedicada en memoria de Alejandro Aura, dice así:

Hace años nos conocimos y jugamos, lámpara tras lámpara, me dijiste (no seas barroco)… ahí en un hotel céntrico de esta ciudad barroca.
Después ya no nos vimos por ahí, ni por ninguna puerta misteriosa.
Luego, supe un día cualquiera, que ya te habías ido a caminar a la luna con tu pinche florecita de papel, tan famosa y conocida entre la raza de la prepa. De balcón a balcón y de un salón hacia otro de aquel taller literario bautizado José Revueltas y de la mano de José de Jesús Sampedro.
¿En dónde están ahora?
¿En cuál espejo me quedé atorado, oyendo la canción Imagine de John Lennon?
¿Adónde se fueron aquellos tiempos, locos e ingenuos, con su montón de poemas
junto a los versos de Salmón y del maestro Efraín Huerta?

Leobardo García Medina

Para mi participación preparé un documento que entregaré a Juan Gerardo y del cual leeré un resumen que he organizado en tres apartados en los que, desde luego, la revista Dosfilos es la protagonista: uno, genealogía; dos, el espíritu de los tiempos en su nacimiento y tres, sus nuevos Múltiples Caminos.

Genealogía o las raíces profundas de Dosfilos

Era pleno invierno, el frío calaba hasta los huesos, ese día, viernes 21 de enero de 1972, fue una fecha importante para varios jóvenes estudiantes, porque a las nueve de la noche, en el café “La Hacienda” de la ciudad de Zacatecas, la Universidad Autónoma de Zacatecas (uaz), a través de su taller literario presentaba a la sociedad la revista cultural Los Múltiples Caminos. En esa reunión, informaba El Sol de Zacatecas de ese año, los poetas del taller “emitirán sus conceptos en este ramo del arte en compañía del también poeta y crítico Dionisio Morales”. Además, complementando el evento de esa memorable velada se presentaría la exposición de fotografías del propio taller.

Un año después, en 1973, la revista, tras seis números, llegaba a su fin y concluía su efímera vida. Sin embargo, ante este hecho, lo que no terminaba, sino al contrario permanecía y se profundizaba en uno de sus fundadores, el joven poeta José de Jesús Sampedro, era la convicción de que las revistas literarias y culturales tenían una gran función transformadora y que era necesario seguir adelante.

Así, la experiencia, lo malo y lo bueno de Los Múltiples Caminos anidó en el pensamiento sampedrino y lo llevó a impulsar una iniciativa para que se realizara el “Primer Encuentro Nacional de Grupos Literarios Independientes” el cual, después de varias gestiones, se llevó a cabo del 12 al 14 de diciembre de 1974 en la bizarra capital de Zacatecas.

El Encuentro fue inaugurado en el vestíbulo del Teatro Fernando Calderón por Jesús Manuel Díaz Casas, rector de la naciente Universidad Autónoma de Zacatecas; la bienvenida la dio quien sería por años un cómplice y amigo de Sampedro y Dosfilos, Roberto Almanza, entonces jefe del Departamento de Coordinación Cultural de la propia universidad.

Durante esos tres días se instalaron mesas de trabajo en el vestíbulo del teatro, en la sala del consejo universitario y en las prepas uno y dos de la uaz
. La atmósfera que permeó las reuniones mostraba las creencias de la intelectualidad literaria y cultural de los universitarios de aquella época, y que se expresó claramente en el eslogan del encuentro, que decía: Por una literatura crítica e impugnadora del poder burgués. Venceremos.

Esa reunión fue encuadrada culturalmente por la exposición de grabados del naciente artista plástico zacatecano Arturo Alvarado, por un recital de música del grupo Los Hijos del Viento, es decir los Huayrapamuska y, como evento central, una función de teatro con la obra “El Hoyo” de José Luis Bravo, y puesta en escena por Alberto Huerta.

El tema central del encuentro fue: “Situación de las revistas literarias en México y su función” presentado por José de Rokha, quien era agregado de la Unidad Popular Chilena en México. El documento se discutió en una mesa redonda en la que participaron: Miguel Donoso Pareja, Tehelma Nava, René Avilés Fabila, Rodolfo Rojas Zea y Lizandro Chávez Alfaro.

El encuentro, amén de otros resultados, llegó a una conclusión central, misma que orientaría posteriormente el hacer y el quehacer de hacedores de revistas literarias independientes en nuestro país; es decir, el convencimiento de que las revistas culturales eran instrumentos para la transformación y emancipación de los pueblos libres.

Asimilando y registrando las reflexiones de los participantes, entre mesa y mesa de discusión, se movía el futuro director de Dosfilos quien entonces tenía 24 años y se pensaba como “un joven Marx que devendría en un adulto Bakunin”.

Sin duda este fue un encuentro fundacional indirecto de Dosfilos, en el que se sembró una semilla que encarnaría y crecería en la humanidad de Sampedro para llevarlo a ser un editor icónico que adoraba la belleza de las letras y de las palabras materializadas en el papel.

Otras raíces que alimentaron el nacimiento de Dosfilos fue el taller literario “José Revueltas” y los llamados cafés literarios que se realizaban en el auditorio “Miguel de Cervantes Saavedra” de la prepa uno.

En el taller literario, fundado por Sampedro y un grupo de amigos, algunos miembros de la vieja guardia, llevaban, para someterlos a crítica de los integrantes del propio taller y de escritores invitados, sus primeros intentos y juegos poéticos, ensayísticos o narrativos. En ese espacio, en ocasiones entre burlas, bromas, críticas feroces, pero también, la mayoría de las veces, con fundamentadas sugerencias de forma y contenido, se cocinaba lo que posteriormente aparecería mimeografiado o en el volante literario del propio taller.

En muchas ocasiones, las reuniones del taller eran conducidas por escritores como Alejandro Aura, Gerardo de la Torre, René Avilés Fabila, José Agustín, quienes, previamente a la sesión del taller, presentaban parte de sus obras, en los vespertinos cafés literarios organizados y financiados por el Departamento de Coordinación Cultural de la uaz. Memorables fueron y calaban hondo los poemínimos de Efraín Huerta quien alborotaba a los jóvenes concurrentes cuando con emoción leía sus poemas erótico-sociales como, por ejemplo, los publicados en el cuadernillo ilustrado titulado Barbas para desatar la lujuria.

En las reuniones del café literario promovidas en forma importante por el respetado y querido maestro universitario Noé Beltrán Baena, se abordaban y leían fragmentos de las obras por parte del escritor invitado, también, generalmente, se tomaba de pretexto el tema literario para derivar la discusión hacia asuntos políticos y sociales como contexto del discurso literario. En síntesis, las raíces profundas que dan cuenta del inminente nacimiento de Dosfilos a principios de 1974 fueron el Encuentro Nacional de Grupos Literarios Independientes, el taller literario “José Revueltas” y los cafés literarios de los primeros años de los setenta. Lo anterior nos da pauta para bosquejar la atmósfera político cultural que permeaba a la ciudad de zacatecas cuando vio la luz Dosfilos.

El espíritu de la época en 
el nacimiento de Dosfilos

Sobre los inolvidables años de principios de la década de los setenta en la ciudad de Zacatecas, particularmente entre 1972 y 1974, se han escrito formidables trabajos que dan cuenta, directa o indirectamente, de la vida cotidiana, el ambiente cultural y artístico, el pensamiento político y sobre los actores sociales que daban vida a las calles, plazuelas, cines, cantinas y cafés de nuestra entrañable ciudad.

Baste señalar, a manera de ejemplo, libros como Detrás del murmullo de Eduardo Remedí, Café Acrópolis de José Enciso, Vida y desarrollo de dos instituciones de José Martín Ornelas, Crónicas bizarras de Herón Eduardo Domínguez, Medio siglo de tradición y cambio de Luis Medina Lizalde; los ensayos históricos, particularmente el titulado Pedazos de olvido de Eduardo Cardoso y desde luego, recientemente, el libro de Juan Gerardo Sampedro Vuelen, conejos. Gracias a estas obras podemos ahora bosquejar la atmosfera que abrigó a la ciudad en el año de nacimiento de Dosfilos.

Empecemos mencionando que, en ese entonces, éramos un poco más de sesenta mil almas las que vivíamos en la ciudad, incluidos obviamente las de los jóvenes estudiantes de la universidad, los de la generación del post 68 cuyas lecturas, además de las obligadas en las clases a las que asistían, eran de autores como Carlos Marx, Vladimir Ilich Lenin, Ernesto Guevara y, claro, los manuales de Marta Harneker. Estas lecturas prohijaban una atmósfera —afirma Luis Medina— de reverencia a la revolución cubana y el odio al imperialismo yanqui.

Para entonces, eran frecuentes las marchas y movilizaciones de estudiantes, campesinos y habitantes de las colonias populares y otros sectores. Marchas y mítines que tendrían como colofón el surgimiento en enero del 74, del Frente Popular de Zacatecas.

Pero no todo era movimiento político, también esos jóvenes caminaban y se divertían en las principales calles de la ciudad y gustaban de ir a los diversos cafés que existían en la ciudad como El Jacalito y La Acrópolis; ahí, permanecían por horas —como si el café fuera su casa— en reuniones y tertulias inacabables.

Compitiendo con los cafés, otros espacios de sociabilidad cultural y esparcimiento abrían las puertas a los vecinos de la ciudad: las cantinas y los cines. El Gallito fue un espacio de reunión icónico de esa época.

Los cines Rex, Ilusión y, en su momento, cuando fungió como sala cinematográfica, el cine Calderón fueron también lugares privilegiados de convivencia social de los zacatecanos, al cine iban familias completas y todo tipo de personas, varias de estas no necesariamente acudían a ver propiamente películas.

En efecto, había un cierto tipo de audiencia formada —menciona María García Chávez, en su interesantísima investigación sobre los espectadores de cine en la ciudad de Zacatecas— por “Individuos con diversos rasgos sociales que, en algunos casos, se relacionaban de manera previa a la asistencia cinematográfica, a partir de vínculos como los vecinales, laborales, familiares o amicales”. Así, nos dice esta autora, varios espectadores asiduos, eran detenidos por fumar en el cine, estar manoseando a una señorita, ingresar a la sala en estado de ebriedad, escandalizar y pronunciar palabras obscenas, o escupir a las personas de luneta. No sería extraño que, al revisar algunos documentos del fondo judicial del Archivo Histórico, aparecieran por ahí el nombre de varios jóvenes, ahora adultos mayores, algunos aquí presentes como por ejemplo Luis Medina o quien esto lee.

También en los primeros meses del 74, el ambiente cultural era enriquecido por publicaciones cuyos autores eran de la generación post 68. Por ejemplo, la uaz anunciaba, en su gaceta de enero de ese año, la edición del libro: Contenido capitalista de la obsolescencia humana, cuyo autor era José de Jesús Sampedro y alumnos de los grupos A y D de la escuela preparatoria.

La música también resonaba en aquella atmósfera de principios de los setenta, en ocasiones desde el teatro Calderón, a través de los conciertos de música clásica ejecutados por el maestro Félix Villanueva quien, algunas veces, era acompañado por el violinista Lauro Uranga; en otras ocasiones, desde los patios de la escuela preparatoria, se escuchaba a ritmo de rock la música interpretada por grupos y bandas que venían de la Ciudad de México, por ejemplo, los Dug Dugs. Y, desde luego, en las consolas de las casas donde se reproducían los discos de acetato de Los Beatles, Los Rolling Stones, Simon y Garfunkel, Led Zeppelin; también el escenario del legendario Teatro Calderón era ocupado por las puestas en escena del maestro y narrador Alberto Huerta y sus alumnos.

En síntesis, el clima intelectual y las creencias e ideas políticas y culturales que en conjunto y en permanente movimiento flotaban o emergían de la vida cotidiana de la ciudad de Zacatecas en los primeros años de la década de los setenta, época en que nació Dosfilos, se mostraba en aquellos jóvenes y su pensamiento de inconformidad y de voluntad de comprender y transformar la realidad a través de la lectura de los libros clásicos del marxismo o imaginando cómo tropicalizar las experiencias revolucionarias de otros países o intentando ser como los militantes del mir o los Tupamaros. O soñar ser poetas o novelistas leyendo sin parar a Mario Benedetti, Pablo Neruda y Octavio Paz, o a Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. O ver una y otra vez en el cine Los olvidados de Luis Buñuel o La Montaña Sagrada o El Topo de Alejandro Jodorowski. El espíritu de la época de principios de los setenta, para la generación post 68, lo podemos sintetizar diciendo que aquella atmósfera era de esperanza en una sociedad más justa, más humanista y lejana a la explotación del hombre por el hombre.

Precisa y significativa es la afirmación que sobre esos años ha hecho Jesús Eduardo Cardoso Pérez quien ha escrito:

“Los jóvenes de los setenta llevamos a dicha década hasta en los huesos. Los setenta son algo así como nuestro edén perdido, una época más humana, donde gozábamos de la paternidad de un planteamiento utópico, crecimos con una utopía que, aunque no fuéramos del todo partícipes del pensamiento marxista, en la esperanza de una sociedad más justa, más hecha a la medida del ser humano, menos utilitaria, luego vendría el derrumbe de tal utopía y varios sufrirían la orfandad”.

Es en este contexto que en marzo de 1974 nacía Dosfilos, Revista de literatura y política y, con ella, señala Sampedro, un compromiso de escribir, promover y defender una cultura de lo concreto, nunca de lo abstracto, es decir, una cultura entendida en su implícito poder de transformación.

Los nuevos Múltiples Caminos de Dosfilos

Después de cincuenta años de vida de Dosfilos, hoy en el 2026, debemos preguntarnos y preguntarle a Juan Gerardo, ¿hacia dónde va la revista? ¿Medio siglo de vida es ya suficiente? ¿Morirá? ¿Continuará? ¿Envejecerá junto con nosotros? O ¿Veremos su renacimiento?

En tanto encontramos las respuestas, retomo una pregunta que Víctor Roura hacía a sí mismo, en una gran entrevista que hizo a Sampedro hace tiempo: “A veces me pregunto —decía Roura— cómo el Fondo de Cultura Económica no te ha buscado para crear ediciones facsimilares de Dosfilos”.

En efecto, ¿a quién de los aquí presentes no nos gustaría tener en nuestras manos la colección completa de Dosfilos en varios tomos para releer los contenidos y ver, admirar, las portadas a la manera en que otras revistas lo han hecho, como por ejemplo la icónica revista de los setenta como lo fue El viejo Topo?

En efecto, concluyo diciendo que sin duda Dosfilos debe ser reeditada en uno, dos o varios tomos, o digitalizada. Si no sucede esto, la única colección completa que existe, de la cual el propio Sam fue custodio, estará condenada, irremediablemente, a desaparecer en la memoria de los tiempos.

Gracias, amigos por escucharme, gracias, Sampedro, donde quiera que estés, por haber compartido con nosotros, durante 50 años, tu amistad y tu presencia y el tesoro que es siempre Dosfilos.

Zacatecas, mediados del 2024-principios del 2026.


Texto leído en la celebración de los 50 años de la revista Dosfilos y reescrito a principios de 2026, tras la partida de José de Jesús Sampedro.

¡No olvides compartir con tus amigos!

Francisco García González

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