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José de Jesús Sampedro

(2 de noviembre de 1950 – 22 de julio de 2025)

Incluso con las mejores intenciones, es inevitable que la prensa y los medios, por su efímera y mercantil naturaleza, reseñen la ausencia de un poeta con superficialidad y manidas frases. En redes, no faltó quien dibujara, en un supuesto reconocimiento, una caricatura sentimentalista y oficialoide, además de oportunista. Otras manifestaciones equívocas generaron su cauda de humor involuntario. Otras, las menos, fueron saludos pertinentes, afectivos sin grandilocuencia, con amistad y genuino conocimiento de su contribución poética.

Aunque las infaustas primeras planas intuyen que aquí hay algo importante, no alcanzan a discernir de qué se trata. Que los premios aquellos, que las distinciones tales; que la cultura, que la literatura. Una semblanza artificiosa y edulcorada. Pero todo eso no hace más que disimular o evadir la parte más genuina y trascendente de una presencia que se intenta normalizar y asimilar a la ramplonería predominante. Esta política del adocenamiento ofrece, a cambio de artificiosos homenajes, convertirte en otro del montón, en otro literato asimilable, encasillado y homologado; digerible y desechable hasta el siguiente aniversario.

El sistema hace los suyo. No se requiere ninguna teoría de la conspiración, ni pensar en torvos sujetos actuando desde las sombras; no, el sistema es inercial y muchas veces exitoso en aplanar lo inquietante, lo disruptivo, lo joven, lo vivaz y lo regenerativo. Así es posible continuar la irracional carrera a ninguna parte, una danza de espejismos frustrantes.

Sampedro trajo una ruptura renovadora en nuestra cultura y abrió una nueva época que nace de la retransmisión creativa del colectivo mensaje surrealista; mensaje ya centenario en la versión de André Breton pero en floración. Su influencia es vasta y es más profunda de lo que parece; sus vasos comunicantes nos proporcionan valiosos recursos para cambiar nuestras vidas; haberes que muy pocos sabrán aprovechar. Sampedro lo supo.

El sistema hace lo suyo, nosotros lo nuestro. Aún alcanzo a ver a ese joven de veintidós años que ya había optado —no sin pequeñas y conscientes concesiones— por “la divergencia absoluta”, según la visionaria prescripción de Charles Fourier. Un camino nada fácil de recorrer y que nunca va en línea recta.

Como me escribió en aquella temprana ocasión: “algún día —no lo veremos y me duele hasta la amargura ya permanente de mi vida— será una realidad la sociedad surrealista, donde `la poesía sea el centro de la existencia humana´ y recobre, al fin, el tiempo de la vida verdadera y fundamental, donde el deseo y la revelación sean las formas de la necesidad y de la existencia. Ya sabes, no me atrevo a pronunciar esto en público porque la risotada, apuntes por la espalda, sonrisas despectivas, se vendrían, y no estoy listo aún para soportar la úlcera o la gastritis del coraje”.

Siempre buscando En la ruta de San Romano, la poesía fue y es el manantial primigenio de la vida y obra de Sampedro. No sólo en la escritura, que no es poco, sino en ese esfuerzo, a veces fallido, que hacemos por vislumbrar la verdadera existencia.

Claro que esto no lo puede entender el sistema ni su espontánea claque. Esa es nuestra ventaja irreductible.

 

***

“El resplandor en lo profundo de nosotros”

Para decirlo con lenguaje darwiniano: la revista Dosfilos es hija del período épico de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Dentro de ese medio venturoso fue procreada por la prolífica cultura de los setenta.

Aún alcanzo a divisar una prenda que era y es símbolo y modo de liberación y que se infiltraba por todos los hogares en el mundo: me refiero a la acuariana minifalda. En efecto, la presencia de esta prenda sesentera —contra toda resistencia tradicional— impregnaba la vida zacatecana “como el agua el azúcar”.

Aquella portentosa oleada de la revolución femenina, cuyas saludables consecuencias no cesan de manifestarse hoy en día, nos abrazaba con toda naturalidad.

Dosfilos nació a principios de 1974 en el alible contexto de la búsqueda revolucionaria. Los académicos se deleitan hablando de “la historia del Surrealismo”; yo prefiero buscar el Surrealismo de la historia. Portugal, 25 de abril de 1974: la Revolución de los Claveles Rojos. Te fuiste a dormir envuelto en la dictadura y te levantaste en la efervescencia de la liberación. Grândola, Vila Morena. Cómo no recordar la pureza de Fernando José Salgueiro Maia (1944-1992), negándose a sí mismo todo usufructo personal de la revolución.

De Dosfilos —como genuina criatura mítica— se desconoce el día exacto de su nacimiento. Pero se sabe bastante de sus prístinos pasos. La dieta de la revista en sus primeros años era un complejo vitamínico, estimulante y diverso.

Con todos los ingredientes de una sana alimentación, cada bocado se paladeada en grandiosas excursiones por los Strawberry Fields; en esas jubilosas jornadas nunca faltaba una canasta bien provista con American pie, Orange Juice Blues y Red, Red Wine, ¡ah! y algunas golosinas como Brown Sugar y Buttered Popcorn; sin faltar un sabroso Ohio Express; en fin, Tutti Frutti, ¡mmm!, Yummy Yummy.

Aún persiste la exaltación que me inundó al leer —en la casa paterna de Sampedro y recién salido de la imprenta— aquel Manifiesto eléctrico con párpados de faldas, cuya publicación original en francés se remonta a 1971.

Y, con sus debilidades involuntarias, ahí está —sempiterno— el precoz número siete con una muestra-ráfaga de la obra lustral de André Breton. “Recuerde esto, recuerde bien todo”.

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Revista de literatura y política, se afirma. “¡Tantas manos para transformar el mundo y tan pocas miradas para contemplarlo!” dice Julien Gracq en Letras Capitulares, su librito de 1967.

En ese preciso sentido, quiero recordar un punto de inflexión que, ni de lejos, fue igualado posteriormente. Es un perdurable ejemplo de la atinada aleación de la libertad de pensamiento con el rigor del compromiso. Es político, pero es un texto de prosa poetizada. Un diamante negro como el magnífico personaje aludido.

Paul Robeson (1898-1976) era amigo de Albert Einstein; además era comunista, cuando aún existían. Fue atleta, actor, cantante de conciertos con su voz de bajo profundo, políglota, escritor, abogado y activista por los derechos civiles. Era un negro, antes de que la autoindulgencia y la desmesura geográfica, políticamente correcta, los llamara afroamericanos y Jesse Jackson popularizara la expresión en los ochenta.

Desde mis nostalgiados años setenta me traslado hasta 2024. Abro el número 143 de Dosfilos. Con la misma inquietud de mis juveniles décadas, leo —aunque incompleto— un testimonio vital y neurálgico: “Silencio para Gaza”, una poética prosa de Mahmoud Darwish (1941-2008) escrita en 1973. Muy bien, pero aún estamos muy por detrás del Manifiesto de la juventud de Gaza por el cambio, difundido desde 2011.

Mientras el capitalismo se expande —virtual e interplanetario y mercantiliza incluso nuestras relaciones personales— , es muy sintomático que la unesco, en 2013, registrara el primer tomo de El capital junto con el Manifiesto comunista en el Programa Memoria del Mundo. EL FANTASMA YA NO ASUSTA.

— ¡Qué época tan torcida! dijo Gévingey, pensativamente; no se cree en nada y se traga todo. (Là-bas, Joris-Karl Huysmans, 1891.)

Bertrand Russell (1872-1970) apuntó certero: “La causa fundamental del problema es que en el mundo moderno los estúpidos están arrogantemente seguros mientras los inteligentes están llenos de dudas”.

Y como ya lo han propuesto otros:

SE IMPONE REPENSAR LA REVOLUCIÓN A PARTIR DE CERO.

 

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En algún momento la viajera frase “tierra adentro” fue sustituida por esa cosa indulgente, de ascendencia romana y novohispana, llamada “provincia”.

En el número 208 (Abril de 1988) de La gaceta del fondo de cultura económica, Octavio Paz (1914-1998), en su aportación titulada “El lenguaje de López Velarde”, dialectiza: Se dice que Ramón López Velarde es el descubridor de la provincia. Más justo sería decir que la provincia descubre en la poesía de López Velarde a la capital: al horror, a la sensualidad y al pecado.

Según el cosmopolita escritor, ¿en la provincia no habría horror, ni sensualidad ni pecado? ¿No es ésta una visión provinciana de la provincia, incluso una visión provinciana de la propia capital del país? 

Desde aquella visión, centrista y condescendiente, es difícil explicar la persistencia de una revista “de provincia”. Longeva, sí, pero ¿a qué precio? La mano sobre el botón de “la divergencia absoluta”.

Atención: no quiero ser confundido con aquellos resentidos que esperaron a la muerte de Octavio Irineo para soltar, con razón o sin ella, todo lo que traían en las entrañas.

Por lo demás, el poeta Octavio Paz siempre estará ligado a mis 18 años, cuando mi teacher de Seminario de Literatura nos dio a leer Piedra de sol. El referido profesor ya gestaba en solitario el alumbramiento —pocos meses después— de la inicial y candorosa Dosfilos.

 

***

En una conmovedora y autocrítica misiva (1955), Albert Einstein formula una de sus contribuciones más enigmáticas: “La distinción entre pasado, presente y futuro sólo tiene el significado de una ilusión, aunque sea obstinada”. 

Sin poseer el don de la revelación, podemos establecer lo que vive, lo que sobrevivirá otro rato y lo que ha muerto ya en Dosfilos.

Creo que lo más perdurable será la poesía, en verso o en prosa, en español o traducida, surrealista o no.

La miscelánea (odob, cine, pasajeros, lo uno en lo otro…) sería una multicolor colección con elongada probabilidad de supervivencia.

Las noticias, ensayos, artículos, reportajes y portadas acerca del rock persistirán mientras exista una partícula de Rock & Roll en vuestros arrítmicos corazones.

Enseguida tenemos la narrativa. Me temo que los días por venir no serán clementes.

A las aportaciones en ensayo literario, les espera la paciencia que requiere la consulta académica. El olvido acecha.

Las especulaciones en ensayo filosófico y anexas —serias o bufas involuntarias— padecen ya la chochez previa a la desaparición silenciosa.

Lo que sí está muerto y bien muerto es el ensayo político o sociológico y soflamas similares, a pesar de que aún circula algún insepulto en la entrega más reciente.

Lo que sigue vivo y bien vivo, y así será por mucho tiempo, es el aliento poético de Dosfilos: “La creencia en este resplandor que el Surrealismo busca detectar en lo profundo de nosotros”, (André Breton: Segundo Manifiesto del Surrealismo).

Muchas gracias.


Leído por el autor el trece de marzo de 2026, en el Foyer del Teatro Calderón de la ciudad de Zacatecas, durante la celebración de los 50 (y dos) años de la revista Dosfilos.

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Gustavo de la Rosa Muruato

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