KAREN VIZCARRA MADRIGAL

Karen Vizcarra Madrigal

Arriba las manos

Se podría creer que en estos tiempos ya no asaltan bancos. Que vivimos en el futuro y los crímenes suceden en lo digital. Las estadísticas cuentan lo contrario y dicen que 4,000 bancos son asaltados anualmente.

Mientras los esfuerzos sigan enfocados en lo cibernético, yo seguiré aumentando la cifra anual de asaltar bancos. Es un buen negocio cuando todos creen que ya no existen.

Cambios de vía

Robar bancos es fácil. Realmente sólo necesitas de una persona más que venga de robar lo que sea y se entrena rápido.

Para mí ha sido como cambiar las vías del tren, yo me dedicaba a eso de chica. Robábamos trenes mis hermanas y yo. A mí me tocaba hacer los cambios de vía para que el tren tuviera que parar en seco.

El miedo es el mejor aliado en estas andadas y, ahora que vivo en la Ciudad, no me ha dejado abajo. Lo nombro y la gente se arrodilla, me avienta sus carteras, las llaves de la caja fuerte.

Es fácil, fue sólo un cambio de vida.

Se ve fácil

A mí se me hace que las cifras han bajado desde hace unos meses. Desde que empezaron a poner cámaras ya no fue tan fácil robar. Ahora comparto cuarto con otras que robaban bancos. Hablamos de cómo era antes, del tren, de lo fácil que era robar en la Ciudad.

Ahora lo único que robamos son los cigarros de la prójima.

Ahora alguien me cambió la vía.

¿O me la habré cambiado yo solita?

Que la Virgen me perdone si sí.

La Sierra

De donde yo soy los árboles crecen bordeando el río. No hay más que unas veinte casas a lo más por pueblo porque la Sierra no permite más.

La Sierra no da ni quita, pues. Da lo necesario como para nunca irse: aire fresco, agua buena, suelo fértil.

Lo único que se le despoja a una es el Apellido. Las peleas milenarias de los ancestros contra otros Apellidos.

Las venganzas se pagan con la vida de una. Y pues por eso me fui.

La Sierra da y las balas quitan.

Oficio

Una vaquera puede ser solamente tres cosas:

Ganadera.

Minera.

Prófuga de la Justicia.

Pocas son las cosas que se pueden hacer cuando se porta el sombrero, pues.

Lo que me gustaría ser a mí es jueza, algún oficio que pueda llevarme a la Ciudad si es necesario.

No importa que tenga que ir de pueblo en pueblo o que tenga que trabajar de sol a sol.

El único problema es que sólo puede haber un juez por región.

Podría darle un balazo al juez de la mía, pero resulta ser que próximamente será mi suegro.

Casa

En la casa que construí en el Norte sigo durmiendo igual: con la escuadra abajo de la almohada.

De día me la llevo a cualquier mandado apuntando hacia abajo, para enfriarme la espalda.

Te voy a decir que nunca la he usado para quitar la vida, pero sí para defender la mía. Aquí ya namás la saco de pura costumbre. Para que combine con mis botines cafés y mi tejana gris clarito. Ni un tono más, ni un tono de otro.

Lo bueno es que ya no me tengo que andar cuidando las espaldas. Ahora hasta manejo un carro y me entretengo en ir al Otro Lado a echarle dólares a mi cuenta de allá.

Me preocupan otras cosas pues. Como que ahora ya voy viendo esto de vivir, es decir, eso de nomás sentarse en la casa de una y saber que el arma y el alma son de adorno.

Uniforme

Sólo de chica usé zapatos de vestir. Tenía unos ocho añitos y fue porque iba a comulgar.

Al salir de misa me fui corriendo a mi casa, aventé los zapatos blancos abajo de la cama y me puse mis botines. Ahí fue cuando me dije: desde hoy no habré de usar más que el uniforme de vaquera.

Creía yo que iba a vivir siempre en la Sierra, una siempre cree que las cosas se van a quedar como están. Sigo firme en lo dicho, aunque ahora viva a nivel del mar y tenga que ir al banco a cambiar mi cheque quincenal.

¡No olvides compartir con tus amigos!
#
Publicación:

ABRAHAM TRUXILLO

ADRIANA AZUCENA RODRÍGUEZ

ALEJANDRA RODRÍGUEZ MONTELONGO

ALEJANDRO ARTEAGA

Ver más