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Este libro revela la creación poética como génesis espiritual, homenaje al ser humano y a lo sagrado femenino desde el asombro lírico.

Conocemos casi de memoria la obra y vida de ciertos autores, a algunos los llamamos clásicos y hemos disfrutado su obra en lectura propia o en las heridas de los otros; en referencias que en ocasiones traspasan el papel. En heridas particulares y en pasiones, hacemos el listado de los libros necesarios para nuestra isla. Todo lector ha sido marcado por obras de las que se ha apropiado mucho más allá que lo pretendido por el autor en una primera instancia. En mi caso, Los tres mosqueteros, La Epistola In carcere et profundis, Bajo el volcán; un cuento de Cortázar: “Carta a una señorita en París”, Las Flores Azules de Queneau, Las palabras de Prévert y Voluntad de la luz de Luis Armenta Malpica.

Conozco este libro desde las lecturas con las que Luis iniciaba su ya importante camino por las letras de nuestro país. Puedo confesar que aquello me fascinaba, pero en aquel entonces no podía percibir esa poesía en su entera importancia, no fue hasta años después, cuando intenté unos esbozos de traducción, que esta obra me arremetió con toda su belleza y profundidad.

Ya con el primer ejemplar publicado de Voluntad de la luz en mis manos, en esa nueva primera relectura, me olvidé de los poemas del amigo para descubrir la poesía del poeta, y este libro se me volvió fundamental desde aquella noche, o desde la semana entera que me acompañó a todas partes y me brindaba significados e imágenes que antes no había percibido.

En ocasiones olvidamos por algún tiempo a nuestros libros fundamentales, pero como los buenos amigos, siempre están ahí, prestos a abrirnos su cariño nuevamente. Por ello quiero abordar esta presentación desde el recuerdo, desde lo que Voluntad de la luz me ha significado como lector y ser humano. No sé cuántas veces lo he leído, pero hace ya varios años que no lo he vuelto a visitar. Espero, esta noche redescubrirlo, ya en unas horas más, en la hermosa edición con que festeja sus veinte años, la editorial Salto Mortal. Quiero hablarles de la huella que este libro ha dejado en mí. No hice una relectura minuciosa; no conté silabas, ni realicé agrupaciones semánticas para diseccionarlo.

Este libro ya ha hecho correr demasiada tinta, yo no estoy en posición de analizar las líneas anafóricas ni todos los recursos retóricos ni estilísticos, ya hay quienes lo han estudiado y desmenuzado de una manera que yo sería incapaz de hacer. Lo que sí puedo afirmar es que este libro es puntal en la obra de Luis Armenta y un momento brillante en la historia de la poesía jalisciense. Con estas líneas quiero más bien responderme el porqué este libro se ha convertido en uno de mis fundamentales.

Voluntad de la luz se construye desde la voz primigenia, la que existe aún antes del orden, en el caos que eran los sentidos de muchos de quienes conocimos a Luis en su fundación. Hace algunas semanas, una amiga de aquellos tiempos me preguntó si Luis seguía escribiendo tan complejo como antes, no, la palabra que usó fue “complicado”. Sonreí, pero recordé haber llegado a pensar así. Por fortuna he seguido los pasos de Luis, me gustaría decir que los he acompañado, pero no, los he seguido, al igual que a otros creadores que renombran la vida para comprenderla y mejor asirla. Escriben de una piel hecha a su mundo, un mundo creado a su único lenguaje.

La historia natural y la del hombre desde su poesía, de otra manera no encontrarían justificación alguna para escribir, y hace mucho tiempo que el ser humano se habría conformado con la ciencia. Los lectores, entonces, somos doblemente afortunados, porque se nos refiere la maravilla que ya conocemos pero desde otra maravilla. Es aquí donde Voluntad de la luz es un libro fundacional, porque desde el universo mineral nos inicia en la mirada de la creación, y así el agua, el pez, la migala, toman cuerpo al ser nombrados-creados por la palabra del Primero que funde el polvo para darle rostro a la piedra, para darle un lugar al pez en un museo. Con su palabra perfila y le da aliento al hombre, a los hombres por venir.

Al recrear la creación, el lenguaje es el mecanismo darwiniano en la pluma de Luis. Desde el día que inició la palabra, hasta que la palabra se hizo heptasílabos y endecasílabos en el día que Luis Armenta no tomó de asueto, fue creado el hombre indiviso “Eva-Adán”: el hombre tomó su forma en el crisol de la poesía. Y así, el tono del libro, de lo primigenio mineral y vegetal, se irá volviendo más carnal a medida que aparece el hombre y evoluciona. El pez es nacimiento mucho antes que sus branquias y motivos; desde su condición de polvo, porque venimos de una explosión de helio en la que todo comenzó. Más adelante encontraremos una segunda creación en la que lo sagrado femenino cobra mayor importancia incluso que en los evangelios apócrifos. Lo sagrado femenino ha sido abordado de forma continua en fechas recientes.

La mayor parte de las veces con mala suerte y peor factura, en novelas, guiones y seudo-documentales históricos. Tal vez sea este canto de Luis Armenta el que con mayor detenimiento, pasión e inteligencia trata el tema. Sobra hablar de su calidad artística. Lo sagrado femenino es visitado con amorosa voluntad, desde la voz de un sensible creador que no necesita de sacrificios ni de adoraciones exclusivas para brindar su homenaje a la mujer “Adán-Eva”.

Esto, creo, es por lo que Voluntad de la luz se ha convertido en uno de mis libros fundamentales, porque me enseñó a mejor amar al ser humano. Sé que conservo todos mis vicios y egoísmos, pero este libro me brinda maneras de contemplar la maravilla del hombre, de la mujer, del pez incierto de nuestros deseos, de la migala fecunda en brazas, en ansias, de la familia como el mínimo grano de mostaza del que se construye la ciudad más grande de todas. Me brinda una mirada más benévola que la propia, y llena de luz y de la voluntad para que la maravilla continúe.

Tal vez, después de todo, y a pesar de sí mismo, el ser humano es digno de un mundo como el que habita, es un milagro evolutivo, o el resultado de una creación inspirada. Luis nos adivina la luz atrás de los ojos que los demás no aceptamos; es más fácil el pretexto que lo divino.

La poesía, como argumento absoluto, en la obra de Luis Armenta ha conseguido darle un rostro más creíble a Dios, incluso me reconcilia con la idea. Y es que algún tiempo estuve tan cerca de la iglesia y de su historia que no pude más que alejarme de Dios. Voluntad de la luz me reintegra, si no la fe, sí la belleza de la posibilidad. Pero no le cuelgo sermones ni encomiendas a este libro. No, Luis no tiene intención alguna de reconvenir. Para él, la poesía es asombro. Nunca deja de asombrarse: en algunos otros de sus libros escucharemos que con la voz del viejo sabio Luis escribe del Luis Infante. Porque “Su corazón es la ciudad más grande que conoce”.

Luis Armenta es heredero y discípulo de los grandes de la poesía. Con este libro obtiene, fuera de embrollos administrativos, el reconocimiento más importante de nuestro país, aunque tal vez el mayor reconocimiento que pueda hacérsele es el que obtiene día con día con el respeto y cariño de sus pares, de sus alumnos y lectores. Conozco, admiro y amo a Luis Armenta desde hace casi treinta años, pero no creo ser un buen lector suyo desde entonces, si no apenas desde hace unos quince años a estas hojas. Para los autores que son llamados a ser ejemplo, los lectores siempre llegan después.

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Gabriel Martín

(CDMX, 1966) Narrador, traductor, locutor y poeta mexicano. Diplomado en Literatura Francesa Contemporánea, Diplomado en Estudios Franceses Superiores Opción Literatura, por la Alianza Francesa af de París, Diplomado en Letras Hispánicas por la Asociación de Autores de Occidente. Miembro fundador de la Asociación de Autores de Occidente. Coordina las colecciones...

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