“Acercarse a la poesía de Luis es adentrarse a un universo de alusiones que delinean una voluntad de asombro y revelación personalísimas”
Presentación de la UNI 46 sobre Luis Armenta Malpica
Cuando preguntaron a Bretón de qué iba el surrealismo contestó con una imagen del Conde de Lautréamont: bello como el encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección. La poética de Luis Armenta Malpica es inversamente similar a la de aquellos poetas surrealistas: por lo que tiene de similar, es el bello encuentro de elementos aparentemente inconexos; y por lo de inverso: no es una mera coincidencia, están estrechamente vinculados bajo una lógica sensible; existe una razón de ser que los unifica y a través de la cual se urde una trama de signos a los que Octavio Paz nombró “en rotación”: ¿Pero de qué está hecho ese magnetismo que hace gravitar alrededor del poema elementos de tan variada especie? Se compone de una sustancia elástica y porosa denominada por los anatómicos: la piel del poeta. El órgano más grande del cuerpo y a través del cual Luis Armenta hace que el universo exterior se refiera a sí mismo.
Al final, su poesía lo que moldea es un cuerpo completo, es Luis en estado de poesía. No es un poeta de “poemas sueltos”, lo que significa que sus libros construyen un entramado que funciona como un órgano —cada parte se corresponde con otra creando un cuerpo mayor—. Lo anterior nos lleva a pensar en la palabra medieval de órganum, referida a un género musical sacro de voz e instrumentos, y es que la poesía de Luis Armenta es un órganum por la voluntad poética (orgánica) y por la musicalidad canora (cántica). Acercarse a la poesía de Luis es adentrarse a un universo de alusiones que delinean no una identidad ni una imagen sino una voluntad de asombro y revelación personalísimas —dérmicas—, y esta es la diferencia entre el poeta en pleno dominio de sus artes y el escribidor de sucesos. Luis nos deslumbra, el escribidor nos informa. Y esta visión personal de la manera en que el mundo interviene en su vida interior es a un tiempo universal: todos hemos presentido en las cosas que nos rodean un diálogo con las cosas que nos revuelven por dentro.
Asistimos a un universo orgánico cuyas alusiones barruntan una forma personal del asombro y a su vez son un espejo que nos alude, ya por el solo hecho de leerlo nos damos por aludidos. Las alusiones son, como lo es una alusión por sí, ligar el mundo de allá con lo que atañe aquí, y la ligadura se extiende a nosotros los lectores: al final de la jornada, descubriremos que el libro se trataba de nosotros, y así, caímos en la gran verdad de Malpica: la alusión universal.

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