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En “Enola Gay”, Luis Armenta Malpica transforma Hiroshima en metáfora poética de deseo, culpa, memoria y devastación colectiva.

Su piloto jamás sintió remordimiento.
[…]Estaba aún orgulloso de haber arrojado
la bomba más mortífera de la historia.

Paula Lugones.

Clarín, 05 de agosto de 2020.

Enola Gay pudo haberse titulado Little Boy. Atraviesa el cielo de una memoria colectiva y de guerra, de cuerpos ardientes o en peligro. Todos somos protagonistas de esta historia, o esa impresión me da porque, ¿quién no se ha despertado en medio de una pesadilla, de un recuerdo o de un anhelo, temeroso de que alguien se entere de la sombra que lo habita? Pudo haberse titulado Extinsión, Holocausto y uno presenciaría igual la destrucción, no como una consecuencia, sino como un presagio. El miedo, como si no hubiera una madre cargándonos adentro de su cuerpo cuando el poema está a punto de caer en la tráquea, y cae, y todo a la redonda cae con él.

Éste, bien podría ser un libro sobre la desolación, pero Luis Armenta Malpica no lo quiso así: nos quiso tripulantes y testigos, como si entráramos a la recámara de Paul Tibbets y abriéramos su diario precisamente donde revela el deseo. El infierno de Dante y el de Hiroshima convergen en este recorrido que nos recuerda el horror y, por lo tanto, nos recuerda también que el amor, a veces, puede incendiar ciudades.

Detona, como en el alumbramiento, y es eso lo que hace el Boeing B-29: da a luz a su Little Boy. Y el niño de mami, como un muchachito travieso, deja tras de sí la nada, el vacío. Imagino el vértigo de Tibbets y Lewis, pero más imagino esa reconstrucción que Armenta nos ofrece en el coqueteo, ficcionalizando su viaje en una realidad posible que se instala en la cabeza del lector y hace que cambie la perspectiva de la historia: un enamorado sobrevuela la ciudad para llevar a su amado al cielo y allí, con una caja de condones como fetiche, miran una escena a la que sólo ellos tendrán acceso y de la que sólo ellos podrán hablar a medida que pase el tiempo: la nube con forma de hongo, el falo.

No exagero al decir que Luis presenta, en esta obra, una vertiginosa retahíla de simbolismos que detonan en el cuerpo del lector la pasión de la escritura. Y encuentro a un Luis Armenta que conjuga la experiencia, la madurez y elegancia de su reconocida poética con un arrebato que juega perfectamente con la edad de los tripulantes del Enola, como si el libro mismo fuera la performance del evento. Por eso escribo estas líneas con una contagiada pasión y un genuino asombro ante la profundidad del palimpsesto.

Enola Gay es apasionante porque ensaya, con una belleza y una cadencia magistrales, el amor, el deseo y la culpa: pasajeros hereditarios del ser humano, gracias a los cuales experimentamos también la vergüenza. Venidos tradicionalmente de la madre, pero también del padre: las dos figuras que cobijan estos versos: Calla, mi niño / cállate Little Boy / mamá te mantendrá bajo sus alas, dice el autor al final del poema detonante y jugando de nuevo con las referencias y los simbolismos, porque nos hace pensar en Pink Floyd. Pero también dice, más adelante, en uno de los poemas, a mi ver, más representativos del libro: este decir “papá” cuando siempre/ fue el padre quien nos marcaba / el paso. ¿Qué es entonces el lector?, ¿qué son entonces sus protagonistas?

Trato de descubrirlo en El Purgatorio (Liber Purgatorii) y lo que encuentro es una figura paterna fascinante, pero apocada frente a la materna, que es la nave. Tal vez el padre es una representación corporal de la culpa, el amor y el deseo y por eso nunca ha estado en ese sitio del hombre sino que está como sombra y cicatriz: hurts, hurts, hurts. En estos caballos desbocados donde el amor y el deseo se vuelcan sobre la figura “padre” y por eso son igual de potentes que los previos: en el padre no hay detonaciones ni holocausto, pero hay relinchidos y sirenas que anuncian también la aparición de una nube gruesa en el cielo de otra ciudad, lejana, a kilómetros de darnos una palmada en el amor adolorido: que no nos diga el padre, ese hombre / que se viene con sus escasos litros de ternura / tan bronca, el semental más hosco/ que se doma la muerte si viaja detrás nuestro/ o si la colocamos adelante/ apretamos su vientre y le dejamos ir / todo el camino andado tras la sombra del padre.

Este libro pudo titularse Caballos desbocados, pero una estampida no es igual de agresiva que la guerra, y la metáfora estaba ahí: no el dolor personal, sino en el colectivo. No en la repetición de la palabra hurts (que aquí se lee como una onomatopeya), sino en la alarma de bombardeo. Finalmente, ambas son una anticipación a lo que se avecina, pero la fuerza recae en el acto mismo, en la escena.

Sin llegar a ensayarlo, porque no es el tema que quiero mostrar en este texto, pienso, a partir de la referencia a Dante, que el Infierno es Hiroshima, el Enola Gay, el purgatorio y el cielo, ese vestigio que queda allá arriba, tan lejos, tan azul / desgañitado.

Y así comienzo a descubrir, en este recorrido quiénes somos los lectores frente a Enola Gay. Que no estamos en frente, sino dentro. Que escribimos un diario o desfilamos a través. Que desabotonamos una historia de tal intensidad y que todos, en algún punto, nos rendimos: nadie puede llorar una muerte más grande/ que su propia derrota.

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Daniel Wence Partida

Poeta mexicano. Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo UMSNH. Co-director del Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes Ciudad de Morelia. Autor de tres poemarios. Ha colaborado en publicaciones nacionales e internacionales como Oráculo, Tierra Adentro, Revista Cronopio, Vozquemadura, entre otros. Fue miembro...

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Armenta Malpica propone una compleja escritura desde el otro: es el soldado y el habitante de una ciudad cegada por la luz expansiva.

Reflexión sobre Hiroshima, el miedo y la memoria desde una poesía intensa y crítica. Armenta mezcla historia, amor y destrucción en versos que cuestionan el poder y la redención.

“Acercarse a la poesía de Luis es adentrarse a un universo de alusiones que delinean una voluntad de asombro y revelación personalísimas”

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