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Poesía que dialoga con “Moby-Dick” desde una voz lírica contemporánea. Armenta mezcla duelo, océano y mito para explorar la identidad y el naufragio interior.

Encuentra lo que amas
y deja que te mate.
Charles Bukowski

EMBESTIDA

No me pregunto si todos
estos años
hemos vivido
juntos
en páginas
distantes
un ojo
cerca
de otro
una muñeca
de otra
y este
filo
rasgando
la mirada
en un filme
surreal.

Y Dios creó a las grandes ballenas
es una letanía allá en el fondo.
Aquí, mientras comulgo
aplasto con los dedos una hormiga
que se lleva mi repentino asombro
ante un jardín botánico:
risperidonas
haloperidolos
olanzapinas
aripiprazoles
que giran
e implosionan
al azar
mientras una columna de insectos
se abre paso
unos encima de otros
y sin piedad alguna.

Arranco algunas hojas
a mi viejo ejemplar de Moby-Dick.
Las suficientes para hacer un océano de papeles
en donde ahogar mis manos
vacías y desangradas
de una historia común.
No cupimos
en ella al mismo tiempo.
Esta ballena blanca
será escrita muchos años
después
de separarnos.
Conocíamos la trama del pincel y el cuchillo.
Pero aquí se dan cita la pluma y el arpón.
¿Qué hay de Dios en nosotros
cuando dormimos juntos
el hombre y la ballena?


COLETAZO

No me pregunten si esta novela es real
o quiénes la vivieron:
los que estamos
cupimos en la vista
pese al cuarto
vacío colindante hacia el otro
jardín. Hibiscos como jóvenes
rebeldes que recogimos, chupamos y dejaron
limpias gotas de orín
debajo de las sábanas. Lirios
de tallo duro y orificio cremoso. Perlas
de raíz infecciosa mas benigna
sin daño en los riñones.
Nada que ver con el reino de Fungi
ni el dragón de Komodo.
Entonces desearía
que mi garganta seca revelara
una historia
a la vez
.
Aunque es
mentira. No
venimos del agua
pues las olas recogen
sus lindes como una
idea sin fruto: rocío
que es la nube
y la sal
.
Nada
como una idea
nos devuelve a la flor
sin miramientos
cuando el engaño
es no ser
fruto
.
Nada
.
Porque
somos de barro
nos hundimos. No hay
cáliz que nos salve
de morir
.
Anterior
al suicidio
una sola palabra
se desangró en la mesa al aplastarla
bajo el peso amoroso de mis manos. El café
levantaba su aroma como un testigo falso
con sus alas violentas y estorbosas. Buitres o escarabajos
que se veían venir detrás del desayuno. El silencio
desollado de una conversación abierta
en canal, con el amor en víscera
latente y testarudo como ese golpeteo
de una nota en el piano. Espejo
en el espejo. Árbol
par
.
Unos
cuantos minutos
faltaron en la alarma
que despertó la voz de la conciencia.
Esos pocos segundos me quisiste
matar igual que el tiempo. Con los pasos
escribo la blancura del destino tan breve. No con los dedos
buenos para la música
y no para
el silencio. Tiersen o Michael Nyman
también habían caído (ellos
tan suavemente) poco después que tú. Y como yo
no estaba
se dicen muchas cosas
que no hacen más que unirnos. Al azul
del cabello se asomaron tus ojos
con su golpe de azul
y su sangrado.
Vacía
paternidad
cuya dolencia dejó
sus cicatrices
en los escarabajos y los buitres
pero nunca en nosotros.
Mucho menos
en ti
.
No
me pregunten
si conocía el final:
lo que no tiene nombre
son las explicaciones no pedidas
cuando ni con piedad se consigue
desvanecer lo que un autorretrato apunta
con su fecha y su firma, sus rojos
sus azules en lo más blanco
y negro de esta historia.
Rimas de otro
verano por la tarde
sin rocío ni
piedad
.
No
tarde
para un diario
sino en el golpe
justo
como injusta es
la muerte que viene
y trae tus ojos
azules
en el cielo
que nos ciega
y consigue
que escondamos los lentes
y miremos por dentro
en los rojos latidos
lo que nos adultera una sola palabra
si rima con infancia
no con mamá
con

.
Go
lpe atroz
este pia
no
la mano suavemente
en la mejilla inerte de la calle.
Nyman y Tiersen sordos
distraí
dos peatones
que no te ven
caer
como los buitres
y los escarabajos que ocultan
tus cabellos azules y tus ojos tan rojos
y esta sed por decirnos los pendientes
abrazos, las ausencias totales
que dieron por respuesta
una historia
a la vez
.
Caer
de liberada mente
como un arpón
deja la mano
el impulso
la sien
.
Caer
en cuenta
ya demasiado
tarde
que no hay cuartos
ni pisos
hibiscos o jardines
que detengan
la mente
(lamentable)
si
cae
.
.
.
Con un chorro blanquísimo sepultado en la vena
así comienzo todo (de nuevo), hacia mi cuerpo
el menos visitado, lo que no conocí
antepalabra
de tu nombre y su canto, animal protegido
de púas
muriendo en la garganta. Lengua
rota
con ojos tartamudos, en esquirlas
de hueso
y camisa de fuerza. Éste
soy. El que nada
hacia fuera, con sus alas cubiertas de salitre.
El que todo
ha mirado desde la disyuntiva del trance y lo deforme.
Un yo provisional. El que nada
hacia adentro: a la tormenta oscura del Pabellón Nantucket
en el buque Rosetto. El que nada
con jóvenes blanquísimos, dos
pacientes vigías de mi transpiración, en chorros
en un flujo sanguíneo
que me saca del mundo y me regresa al mar, a la infancia
al lar de mi cabeza
comprimida
en la que Dios inserta un bisturí, una aguja
una púa de su mano que es la mía
y se extiende, aracnoide, como una marea roja, un quiste
un tumor cerebral, un cruce
de caminos entre lo que recuerdo y lo que ya no vivo.
Mi mano bendecida por el fuego que la fe provocó
se zanja en la ballena que perseguí por años. Se sumerge
en sus costillas vivas, catedral de mi boca, en la arena
volátil del dolor y sus múltiples playas
sin pescador alguno.
Éxtasis
de mi boca
este azul
que respiro
(comulgo)
y me hace
creyente
de este
mar
que soy
la mar
sin la
tabla
de los diez
mandamientos
golpeando
me
pegándo
me
con su crawl
con su crack
con su no

que
pasa…
con su no sé…
con el que fueron creadas las ballenas.

 

Armenta Malpica, Luis. Llámenme Ismael. Toluca: Fondo Editorial Estado de México, 2014. 128 pp., ISBN 978-607-495-333-6.
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Luis Armenta Malpica

Luis Armenta Malpica

(Ciudad de México, 1961) es poeta, ensayista, traductor y editor. Reside en Guadalajara desde 1975 y dirige Mantis Editores, una de las editoriales más activas en poesía contemporánea en México. Su obra ha sido traducida a más de quince idiomas y ha recibido numerosos reconocimientos, como el Premio Nacional de...

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Poesía que transforma el lenguaje en un juego de espejos y mutaciones. Armenta mezcla voces, citas y géneros para explorar la identidad como cambio constante, usando al camaleón como símbolo de adaptación y resistencia.

“Envés del agua” reúne seis poemarios de Luis Armenta Malpica en una mitología familiar que entrelaza ceguera, erotismo y espiritualidad.

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