SUKAINA HABIBALLA

1989.


PAUSA
“Es la hora
para revisar mis papeles”,
dice el árbol
cada otoño.


¿DÓNDE ESTUVE?
En esta casa, yo estaba como una ventana en la pared,
Está aquí.. pero su sueño está todo el tiempo…
afuera


UNA CASA PEQUEÑITA
Todavía no encontré el atajo que me lleva a él, Tampoco aquel largo camino como la agonía. Tengo una casa en algún lugar,
estoy segura,
Y hasta encontrarla,
Mis manos seguirán llorando cada noche por las llaves.


INÚTIL
Y aquí estas tú
como una huésped en el hogar de ancianos, despierta, arrepentida Jalando tus pies
entre los corredores del mundo,
Solitaria, estas sola ¡Palabra!
Sola
Ya está extinto tu brillo.


LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN
El ser humano nació con la espalda inclinada como una rosa, hasta llegar a tener la espalda recta como un cuchillo


LA TRAMPA
Es cierto que los colores son vivientes,
Pero soy como la casa en las decoraciones de los teatros, Después de pasar la puerta..
nada encontraras


LO QUE VAN A VER HOY
Como una novela televisa árabe,
No sabremos hasta el último momento
que nunca fuimos los hijos de la vida.
La vida estará dormida en su cama de madera
apenas respira, muriendo
nos va a confesar que nos encontró en la noche
como todos los incluseros,
como creaturas
lloramos,
mientras que los perros vagabundos con sus ladrido heridos nos olían, se retrasaron
como si estuvieron lanzados
con piedras.


EL CASO CURIOSO DEL SEÑOR ESCRITOR
No tiene nada para cenar esta noche,
El alquiler atrasado se quedará atrasado hasta no sabe cuando
Su toz no estará interrumpido por cualquier medicamento
Su bolso vacío chiflando hace la mejor música
A pesar de que no tiene trabajo –como parece-
él pasa la noche entera en reclutar las palabras
“Reclutar palabras”
¡Qué tipo de trabajo que da un dólar de cabeza!
Siempre hay filas infinitas
de las palabras
vienen a la cabeza
cuando se enteran que hay un espacio pequeño en una línea o poema
El escritor señala al diccionario enorme que está en su escritorio “¡Miren! Muchas están desempleadas hace siglos,
pero no hacen ningún griterío como ustedes”
Pero las palabras no le hacen caso, siguen marchando por aquí y por allá
con sus zapatos de tacones desconcentradas perfumadas
hablando por teléfono, riéndose.
El escritor grita:
Que cada una deje su currículo aquí.
Entonces cada palabra se apura para meterse en los borradores Las llamo pronto, ¡Palabras!
Y él sabe que nunca lo hará.
Se siente frente a la ventana deseando verlas de nuevo
cargando pan sobre sus cabezas, o un balde de agua saliendo del baño público
o llorando comiendo girasoles sin destino.
Y cuando se le sale la palabra
que nunca fue a la escuela
que no tiene ninguna experiencia en la poesía, se aferra con sus pies agrietados
Jura que nunca permitirá
que se va de nuevo.

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