PresentaciĆ³n

Miguel Maldonado

Esta no es una presentación, es una breve autobiografía del encanto: la vida en el Montreal de mis recuerdos. A inicios del año dos mil a. de N. –antes de Netflix–, abundaban los videoclubes con extensos catálogos de “cine de arte”: filmes que jamás hubiera encontrado en el México de 2001 a. de N.

Sobre el bulevar Côte-de-Neiges se anunciaba mi videoclub, donde me abastecí de pertrechos que hoy día me siguen alimentando. Tengo en deuda volver a ver películas que me impresionaron, como Peppermit frappé, de Saura –ese sonar de una bicicleta oxidada–, o La ardilla roja, de Medem. También tengo en duda volver a verlas: al lugar donde un día fuiste feliz no has de volver, lo han dicho así vates como filósofos ancestrales, sin faltar abuelos, merolicos y demás gentiles del fuero común.

No bien me había instalado en Montreal, supe de salas de cine dedicadas a proyectar “cine de arte”: Cinema du parc. Se encontraba frente a un extenso parque, cercano a la estación de metro con el mismo nombre, Du parc, en los bajos de un edificio, a dos salas de cine y a tres funciones por día, incluyendo la mítica de media noche. Ahora, en el año 2017 d. de N., nada o poco queda de eso. Lo que sí existe, a buen seguro, es esa avidez de los quebequeses por el buen cine.

Cuando Javier Vargas de Luna sugirió este monográfico, me vinieron a golpe estos y más recuerdos, y pensé que su iniciativa era una buena oportunidad para conocer el cine de aquel lugar que me permitió conocer el cine. A. E. —autobiografía del encanto—.

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