Metamorfosis del clavel

Rafael Alberti

Toros que desollados son vacas de jazmines
y alborotadas tetas flotantes de sandía,
muslos de azules arcos abiertos de delfines,
donde las manos rompen su sola travesía.

Resulta que miraban ojos que masculinos,
vueltos en ojos hembras por la atracción del pelo,
se iban desmejorando, muriéndose de espinos
por los alrededores del párpado de yelo.

Leche de nardos eran las vacas desolladas
perdidas en la sangre que carniceramente,
pisando las pezuñas y rodillas cortadas,
lloraban de amapolas, ebrias de orín caliente.

¿Qué hacer? ¿En dónde estáis? A oscuras, en las manos
crines largas me imponen golpear las arenas
que absorben las espumas, ya infatigables llanos.
Una vaca y un toro me duermen en sus venas.

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