Días

Brenda Ríos

Era la época en que comía tan rápido que mis
amigos tenían miedo
de lo que sucedía conmigo.
No pude dar explicación alguna.
De un día para otro
me dominó una prisa extraña
cierta inquietud sin nombre,
de notar el agua salir del grifo
desbordada y poderosa,
un chorro dirigido al desagüe,
no hice nada por cerrarla.
La dejé salir, la dejé llegar a donde iba.
El agua llegó a donde, muy probablemente, iremos todos.
Cuando la cocina se inundó pensé que ya era suficiente.

Días aquellos en ver por la ventana sin ver nada,
sin pensar nada:
uno es un objeto sobre el paso del sol en la recámara.
Mañana, tarde, noche, da igual,
el sol viene, va, el agua se abre, la ventana se abre
y lo único que puedo hacer es comer con prisa
imaginando que el camino de agua, de luz, de permanencia,
terminará de un momento a otro.

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