La vaca lo hace con mala leche

Eduardo Espina

Algo de nata talada en la epifanía de la forma: qué son el empalme de la pócima y el pérsimo si un buen camembert. Nada: una galleta gratis, un pan que no empieza. La ubre de lo que cabrá (no de cabra) encumbra la boca de los acabados, tiene ganas de evitarlos. Maman, imitan el imán.

Lengua y labio disuelto para mirar el roquefort cuando se espesa y un olor delicioso para eso. Las palabras hablan del lampo, lo anterior a las estaciones se entiende. Y es un logro tan grato. Borrar con el rastro lo que junta la tela labial, ese jarrón de jóvenes: los opíparos símbolos, la menguante semana en mitad del invierno, hacemenosdeunmes. Toda improbabilidad del pasado, todo lado dobla al desangelado. Ángel por algo alejado que ahora lo deja claro: también la voluntad en los baobab, en la vaca que casi se encuentra. Ambos de buen ánimo empujan para salir con cada sabor, para saber de los bofes y el viento. No merecen al monzón. La quietud es pasajera: vacías viajan las nubes, llevan el cielo a cuestas.

El ojo elige a lo grande: deja su error al becerro, los rituales de cada rato. La mariposa en lo social hace del deseo una idea, otra imagen innecesaria. Oh mínimo remanso de lo mundanal en el hado oh fría sarta de ciervos a la pena del penúltimo como si faltara esa vez. Pero ya será suficiente: nada de lo visible lo es ni la era a raíz del resto.

Abre la Obra y lo verás. 

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